- Estamos ante un momento de crisis, asegura usted en esta nueva entrega, "un nuevo desafío histórico del que la democracia española puede salir robustecida o hundirse en una nueva etapa de descomposición". ¿Cuál es el aporte de "Falacias de la Izquierda, silencios de la derecha", en este momento decisivo en España?
- Creo que vivimos momentos de enorme confusión sobre nuestro pasado, sobre los retos de la actualidad y sobre las posibles salidas. Con mi libro quiero aportar un análisis de estas cuestiones, que me gustaría que diera lugar a un debate, porque nadie tiene la verdad absoluta. Aunque, por la experiencia, me temo que no habrá debate, sino reacciones fanáticas. Parte del problema es un creciente fanatismo y el consiguiente rechazo del análisis y la discusión.
- "Cien años de honradez" es el lema que ha portado la izquierda en este país. Sin embargo usted la acusa de, entre otras cosas, falaz. ¿Cuáles son estas falacias? ¿Cómo han logrado que la mentira aparezca como verdad incuestionable? ¿Qué panorama han dibujado estas mentiras?
- Justamente el lema "Cien años de honradez" resume el grueso de las falacias de la izquierda, y particularmente del PSOE, y genera muchísimas más falacias. Este partido tiene un historial de violencias, terrorismo, asaltos al poder, chekas y corrupción superiores a los de cualquier otro partido español, peores que los del PCE, que es el que ha cargado con todas las culpas. Falta una buena historia, sintética y clara, del PSOE.
- Contra lo que algunos creen, usted asegura de que la derecha española, concretamente el Partido Popular, está lejos de ser una alternativa válida a la descomposición causada por la izquierda en este país… ¿Cuáles son algunas de las claves más importantes del deterioro de la política española de nuestros días?
- Desde la transición, la derecha ha renunciado a la batalla por las ideas, creyendo que la gestión económica lo decidía todo, como ha vuelto a afirmar Rajoy. Eso ha permitido que la izquierda falsifique la historia, no pague ningún precio por sus constantes renuncios y ataque la integridad de España y la democracia Constitución sin una oposición real. Toda la reacción a los desmanes del PSOE ha salido espontáneamente de la sociedad, no de la derecha política.
- Josu Ternera, Ibarretxe, Rovira, Zapatero, Rajoy… ¿todos en el mismo saco de los causantes de esta descomposición?
- A Rajoy hay que ponerlo algo aparte. Pero Ternera, De Juana, Carod, Ibarreche, Zapatero, su gobierno, etc. comparten una serie de valores, comparten demasiados valores, y sobre ellos han transformado el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo en un pacto con los terroristas y separatistas y contra las libertades. Han puesto en marcha una especie de golpe de estado desde el poder, atacando la Constitución, con una táctica que recuerda, por cierto, a la de Hitler: acceder legalmente al poder para, desde él, desmantelar progresivamente el régimen democrático. Rajoy, simplemente, no ha estado a la altura del reto y, en cierto modo, ha colaborado con la estrategia de demolición constitucional, véanse sus estatutos autonómicos, por ejemplo.
- En el ámbito de lo religioso usted se plantea las cuestiones desde «una increencia no indiferente» (página 178). ¿Qué valoración hace de la influencia de la religión en la vida?
- Yo lo planteo como cuestión de democracia: frente a la estrategia gubernamental de domar y silenciar a la Iglesia, defiendo el derecho de esta a expresarse, tanto más cuanto que ella es hoy un bastión de las libertades, con excepciones, sobre todo en las Vascongadas y en Cataluña. Desde un punto de vista más general, el significado de la religión en la vida humana es un asunto que me interesa mucho, pero sobre el que no tengo ideas muy definidas.
- ¿Qué propone usted para lograr una feliz resolución de este momento histórico que atraviesa la sociedad española?
- Lo primero es darse cuenta del alcance del reto histórico que vivimos. Un pueblo que no percibe ese alcance, en gran parte debido a un oscurecimiento deliberado por los políticos y los medios, no estará en condiciones de afrontarlo. La primera consecuencia del proceso actual será transformar la democracia española en una democracia bananera, y de ahí... Existe una reacción social espontánea, pero es preciso que cuaje en un movimiento político (podría consistir en un cambio de línea del PP) que exponga el peligro, defienda sin ambages la unidad de España y la democracia, haga balance de la experiencia de treinta años de la Constitución y el estado de las autonomías y proponga las rectificaciones necesarias. Si se hace con claridad y sin estridencias, creo que la gran mayoría de la opinión pública, tanto de derecha como de izquierda, lo entendería y apoyaría.Un aspecto muy importante es la clarificación del pasado, porque una historia falseada envenena el presente y el futuro.
Enrique Rivera