Aunque el subtítulo sea testimonios de mujeres que sufrieron un aborto provocado, no todas las historias que cuenta Esperanza Puente acaban en aborto. "La realidad supera a la ficción", asegura, hablando del sufrimiento de la mujer embarazada y acosada por un entorno social abortista. En su libro "se ve la realidad del aborto. He pretendido plasmar cómo el pensamiento dominante puede afectar al bien de la sociedad. Hago de abogado del diablo en el buen sentido, para intentar concienciar a la sociedad civil, porque tiene derecho a saber". Hace unos años, cuando Esperanza era presidenta de la Asociación de Víctimas del Aborto (AVA), me dijo que era indiferente respecto a cómo fuera la ley, con tal de que el aborto no fuera la única opción hacia la que se arrincona a las mujeres. Hoy, lo que tiene más claro, "lo que me da pena, es que, pongan la ley que pongan, cualquier ley hace daño a la mujer. Hasta ahora no he escuchado a nadie decir cómo van a ayudar a la mujer, o cómo los centros que se enriquecen con el aborto van a informarles sobre lo que van a sufrir. No he oído a la ministra Bibiana Aído hablar de eso. Por desgracia siguen dejando a la mujer completamente desprotegida. Se vende el aborto como derecho a la salud, cuando el Ministerio de Sanidad se queda callado al respecto, y no he oído qué ayuda van a ofrecer el Estado o las administraciones públicas a la mujer para que pueda decidir en libertad".
Realidad y ficción
Ni lo ha oído, ni probablemente lo oiga en mucho tiempo, porque en nuestro mundo de ficción nos interesa mucho lo que un jugador de fútbol siente antes y después de cada partido. En cambio, en el aborto, es el periodista, presuntamente por orden de la sociedad, quien cuelga el cartel de No comment. No hace mucho me decía un médico abortista: "Vosotros no sabéis lo que es el aborto". Al comentar que algo intuyo por las mujeres que hablan, me cortó: "Esas mujeres no tenían que hablar. El aborto es un asunto íntimo".
Frente a los interesados (porque algo tienen que perder) en hacerles callar, frente a la ficción que decreta que la mujer embarazada no necesita apoyo, porque sería asumir cierta inferioridad, el libro de Esperanza Puente contiene el testimonio de su propio aborto y otros muchos, recogidos a lo largo de años, sobre el sufrimiento a que se llega en un ambiente que no es acogedor para la vida. El caso que llama del solitario, por ejemplo, no es de un aborto, sino de un hombre que se entera de que tuvo un hijo cuando éste viene a traerle una carta de su madre difunta. Acaba trágicamente, al morir el chico atropellado cuando salía a toda prisa del encuentro en el que no quiso cruzar palabra con su padre.
Puente no se limita al aborto, precisamente porque su causa es el caos en las relaciones afectivo-sexuales, y éstas no tienen sólo aquel efecto. El propio proceso de reforma del aborto ha dejado bien claro de lo que se trata no es de peligros para la vida de la embarazada, violaciones o taras en el feto (los tres supuestos de la despenalización), sino del embarazo no deseado. Esperanza, que intervino en la Subcomisión de Igualdad, afirma en su libro que "no parece factible que en este tema podamos educar en la responsabilidad si somos tan hipócritas que hacemos creer a los demás que abortar es el no va más de la responsabilidad, de la libertad y de la emancipación femenina. Lo que constaté es que nuestro actual Gobierno, esgrimiendo la bandera de los derechos de la mujer, quiere de hecho trivializar más el aborto e intentar transmitirnos que interrumpir el embarazo es algo inocuo, algo que poco menos que dignifica a la mujer, al hacerla más libre y autónoma. Si este Gobierno logra su propósito, las primeras víctimas serán miles y miles de seres humanos no nacidos; las segundas seremos las mujeres, cuando nos demos cuenta, demasiado tarde, de que lo que es legal y progresista oficialmente es, a la hora de la verdad, macabro y repulsivo para nosotras".
Vale la pena
Esperanza habla al final de su libro sobre su trabajo como portavoz de Redmadre, una fundación de ayuda a embarazadas que ha promovido varias iniciativas legislativas en diversas comunidades autónomas. "Me ha complicado la vida", comenta al preguntarle, "pero vale la pena. La vida te va dando regalos", dice, refiriéndose a una chica de un pueblo de Toledo a la que Esperanza Puente ha apadrinado. La chica estaba en la calle con seis meses de embarazo y el Samur quería llevarla a una residencia de mendigos. "En aquel momento la acogí y la llevé a mi casa. Le gustó, se quedó y dio a luz en casa. La niña ya ha cumplido cinco meses", dice Esperanza, afirmando de sí misma que no ha hecho eso "por ser buena persona", sino porque estaba ahí en ese momento: "Soy como cualquiera, eso lo hace cualquiera".
La mayoría de las mujeres que abortan no tiene cerca a una persona como Esperanza. Nunca es tarde, como en el caso de la periodista que le hizo "la entrevista más complicada que me han hecho nunca", con preguntas con "segundas intenciones", para mirarle fijamente al final y decirle: "Yo maté a mi hijo hce siete meses, tres días y cinco horas". Esperanza pasó tres horas más asegurando a esa mujer que "sólo necesitaba ayuda, pero ella insistía en que no la merecía".
Santiago Mata